Hay una etapa de la maternidad para la que nadie te prepara. Un día abrazas a tu hijo, como has hecho miles de veces, y notas algo diferente. Ese olor a niño pequeño ha cambiado. Y sí, puede sorprender bastante. Es justo ahí cuando empiezas a preguntarte si ha llegado el momento de utilizar un desodorante para eliminar olor corporal, si todavía es demasiado pronto o si simplemente deberías dejar que la naturaleza siga su curso.
Y luego estamos nosotras. Las madres que corremos por la mañana, preparamos desayunos, buscamos una camiseta que misteriosamente desapareció durante la noche, llevamos niños al colegio y, con suerte, recordamos mirarnos al espejo antes de salir. Para nosotras, utilizar un desodorante para eliminar olor corporal tampoco es una cuestión puramente estética. Sentirnos limpias, cómodas y seguras durante el día parece un detalle pequeño, pero vaya si se nota.
Cuando el olor corporal aparece en los niños y nos pilla por sorpresa
El olor corporal forma parte del crecimiento y, aunque sabemos que nuestros hijos van a cambiar, hay pequeños momentos que nos recuerdan que están dejando atrás la infancia. El primer día que detectas olor en sus axilas puede ser uno de ellos. No necesariamente tiene que convertirse en algo incómodo ni mucho menos en motivo de vergüenza.
Creo que ahí las madres tenemos una responsabilidad bastante bonita: enseñar higiene sin hacer que nuestros hijos sientan que hay algo malo en su cuerpo. Podemos explicarles que sudar es normal, que todos lo hacemos y que, a medida que crecemos, nuestro cuerpo también cambia. Ducharse, ponerse ropa limpia y comenzar a prestar atención a las axilas puede incorporarse a su rutina con absoluta naturalidad.
También conviene recordar que sudor y olor no son exactamente lo mismo. El sudor por sí solo apenas tiene olor. El olor característico aparece principalmente cuando determinadas bacterias presentes en nuestra piel descomponen componentes del sudor. Por eso la higiene diaria tiene tanto peso y el desodorante puede convertirse, llegado el momento, en un compañero más de esa rutina.
Elegir un desodorante para eliminar olor corporal también requiere atención
Cuando compramos algo para nuestros hijos solemos darle veinte vueltas a la etiqueta. Con nosotras somos capaces de coger lo primero que encontramos, curioso, ¿verdad? Pero merece la pena detenernos un minuto y observar qué estamos utilizando, especialmente cuando hablamos de pieles jóvenes o sensibles.
Un desodorante para eliminar olor corporal está pensado principalmente para controlar el olor, mientras que un antitranspirante busca además reducir temporalmente la cantidad de sudor. No son exactamente lo mismo. Entender esa diferencia ayuda a escoger el producto según lo que realmente necesitemos, sin convertir el sudor normal en un enemigo que haya que eliminar a toda costa.
En niños que comienzan a presentar olor corporal, podemos empezar hablando con ellos de hábitos sencillos: lavar correctamente las axilas durante la ducha, secarlas bien, cambiar camisetas y ropa interior diariamente y no compartir productos personales. Si decidimos incorporar un desodorante, especialmente cuando el niño es pequeño o tiene una piel delicada, es buena idea elegir uno adecuado para su edad y consultar con el pediatra ante cualquier duda.
Y hay algo que para mí pesa incluso más que el producto elegido: cómo hablamos del olor delante de nuestros hijos. Una frase aparentemente inocente como «qué mal hueles» puede quedarse dando vueltas en su cabeza mucho más tiempo del que imaginamos. Mejor cambiarla por algo sencillo: «Has sudado bastante, vamos a asearnos». Parece una tontería, pero no lo es.
Las madres también necesitamos sentirnos cómodas en nuestra propia piel
A veces hablamos muchísimo sobre enseñar autocuidado a nuestros hijos y se nos olvida que ellos aprenden observándonos. Ven cómo nos arreglamos, cómo hablamos de nuestro cuerpo, cómo nos miramos frente al espejo y también cómo nos cuidamos cuando estamos cansadas.
El olor corporal puede aparecer con más intensidad después de hacer ejercicio, durante días calurosos o simplemente después de una jornada de esas que empiezan demasiado temprano y parecen no terminar nunca. Mantener una higiene adecuada, usar ropa transpirable y encontrar un producto que nos resulte cómodo puede ayudarnos a sentirnos frescas durante más tiempo.
Pero tampoco necesitamos obsesionarnos. Un cuerpo que suda no es un cuerpo sucio. El sudor cumple una función importante en la regulación de nuestra temperatura y forma parte de nuestra fisiología. Otra cosa es que queramos controlar el olor que puede aparecer después, especialmente cuando tenemos que pasar muchas horas fuera de casa.
Al final, quizá la lección más importante que podemos transmitir en casa sea mucho más sencilla que cualquier explicación sobre higiene: cuidarse no significa avergonzarse del cuerpo. Significa conocerlo.
Nuestros hijos crecerán, sudarán después de correr, llegarán del colegio con la camiseta pegada al cuerpo y algún día serán ellos quienes recuerden ponerse el desodorante sin que tengamos que repetirlo tres veces desde la puerta. Nosotras seguiremos con nuestras carreras diarias, nuestros bolsos llenos de cosas inexplicables y esas mañanas en las que cinco minutos de tranquilidad parecen un lujo.
Y entre todo eso, enseñarles a cuidarse puede ser también una pequeña forma de decirles: tu cuerpo cambia, tu cuerpo funciona y merece que lo trates bien.